El contexto: décadas de déficit
Argentina arrastra una historia de déficit fiscal crónico que ha sido la raíz de muchas de sus crisis macroeconómicas. Desde el retorno a la democracia en 1983, el país logró superávit primario sostenido únicamente durante el período 2003-2008, impulsado por el boom de commodities y la licuación del gasto post-devaluación.
El ajuste fiscal de 2024
El programa de estabilización implementado a partir de diciembre de 2023 priorizó el equilibrio fiscal como ancla nominal del programa. Las principales medidas incluyeron la reducción de subsidios económicos (ahorro de ~1.5% del PIB), la licuación de jubilaciones y salarios públicos en los primeros meses, y la suspensión de obra pública y transferencias discrecionales a provincias.
Por el lado de los ingresos, la reintroducción del impuesto PAIS y la suba temporal de retenciones compensaron parcialmente la caída de la recaudación real asociada a la recesión del primer semestre.
¿Es sostenible?
La gran pregunta es si estos resultados fiscales son sostenibles en el mediano plazo. Hay señales mixtas. La recuperación económica del segundo semestre de 2024 mejoró la recaudación real. Pero la presión política por recomponer ingresos y retomar obra pública crece a medida que se acercan las elecciones.
Comparación regional
En perspectiva regional, el ajuste fiscal argentino fue uno de los más agresivos de la historia latinoamericana. Argentina pasó de un déficit de 3.5% del PIB a un superávit de 1.8% en apenas 18 meses — una corrección de más de 5 puntos porcentuales.
Conclusión
El superávit es un logro importante, pero su sostenibilidad dependerá de la capacidad política de mantener la disciplina fiscal en un contexto de creciente demanda social y ciclo electoral. La clave estará en institucionalizar reglas fiscales que trasciendan la voluntad política de turno.